La destrucción de una colonia de aviones comunes que, desde hace varios años, existe en el alero del antiguo edificio del instituto Tomás y Valiente, en Peñaranda, está generando quejas una vez que ha vuelto a retomarse la actividad en dicho inmueble tras las vacaciones de verano. Desde la dirección del centro han explicado a NOTICIAS A TIEMPO que el pasado mes de julio se interpuso una denuncia por estos hechos ante la Guardia Civil y que el asunto ya está en fase de investigación para esclarecer la autoría.
«Puede parecer poca cosa. Unos cuantos pequeños amasijos de barro pegados al alero de un edificio. Pero detrás de cada uno de ellos había mucho más: el regreso de unas aves que recorren miles de kilómetros desde África, la fidelidad a un lugar de cría que conocen generación tras generación, días enteros recogiendo diminutas bolitas de barro y una nueva generación de polluelos esperando en el interior de esos nidos. El avión común (Delichon urbicum) es precisamente una especie especializada en convivir con nosotros. Cría habitualmente en pueblos y ciudades, adosando sus nidos a edificios, bajo aleros, puentes y otras construcciones humanas. Sus nidos, construidos por ambos progenitores con pequeñas bolas de barro, pueden ser reparados y reutilizados durante años. Además, estas aves se alimentan casi exclusivamente de insectos voladores, entre ellos moscas y mosquitos», explican desde SEO/BirdLife).
«Lo ocurrido en el instituto Tomás y Valiente no es simplemente que alguien haya decidido «limpiar» un tejado. Es la desaparición deliberada de una colonia que llevaba años formando parte de Peñaranda y que cumplía, además, una función ecológica beneficiosa para todos. Una especie protegida, también cuando no está criando. Hay una cuestión que conviene dejar clara: que en septiembre los aviones comunes hayan terminado su periodo reproductor —y que muchos de ellos se encuentren ya camino de África— no significa que sus nidos hayan quedado fuera de la protección legal. El avión común figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial establecido por el Real Decreto 139/2011. (BOE) Y el artículo 57 de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, establece para las especies incluidas en ese listado la prohibición de cualquier actuación que pretenda darles muerte, capturarlas, perseguirlas o molestarlas, así como la destrucción o deterioro de sus nidos y lugares de reproducción, invernada o reposo. La propia ley especifica que estas prohibiciones se aplican durante todas las fases de su ciclo biológico. Es decir: un nido vacío no se convierte en un nido sin protección por el mero hecho de que el ave haya emigrado temporalmente», asegura un lector en la queja que ha remitido a este diario.





Este mismo lector añade que «la legislación contempla excepciones, pero no funcionan como un permiso genérico para retirar nidos cuando resulte incómodo hacerlo. El artículo 61 de la Ley 42/2007 exige una autorización administrativa previa, que solamente puede concederse cuando no exista otra solución satisfactoria y siempre que no se perjudique el mantenimiento de la población en un estado de conservación favorable. Además, deben concurrir circunstancias concretas, como riesgos para la salud o la seguridad, determinados perjuicios importantes, necesidades de investigación o educación, seguridad aérea o razones de protección de la propia fauna. La autorización debe ser pública y estar motivada, indicando el objetivo, la justificación, las especies afectadas, los medios empleados, las circunstancias de tiempo y lugar, las alternativas descartadas y las medidas de control».
La Ley 42/2007 contempla entre las infracciones administrativas la vulneración de las prohibiciones establecidas para las especies protegidas y establece un régimen que puede alcanzar la consideración de infracción grave, dependiendo del encaje jurídico concreto de los hechos y de la valoración de los daños. En Castilla y León, las infracciones graves llevan aparejada una multa de 5.001 a 200.000 euros, mientras que las muy graves pueden alcanzar entre 200.001 y 2 millones de euros. (BOE)
Además de la sanción, la Ley 4/2015 establece la obligación de restaurar el medio natural dañado cuando sea posible y de indemnizar aquellos daños y perjuicios que no puedan ser reparados. (BOE)
«Hay algo que ninguna multa puede reparar completamente porque aquellos nidos no eran suciedad. Eran casas.Casas construidas poco a poco, con cientos de pequeños viajes para recoger barro. Una bola aquí, otra allí. Un poco de agua, un poco de paciencia y diez días de trabajo para levantar una pequeña cámara cerrada donde después llegarían los huevos y los pollos. Y después, año tras año, la misma historia. Cuando llegaba la primavera, los aviones regresaban desde África y buscaban de nuevo los edificios que habían aprendido a reconocer como lugares seguros para criar. El avión común tiene una notable fidelidad a sus colonias y sus nidos pueden ser reparados y reutilizados durante años. (SEO/BirdLife) Peñaranda tenía allí una pequeña colonia de estos viajeros. No hacía falta desplazarse al campo ni entrar en un espacio natural protegido para contemplar fauna salvaje. Bastaba con mirar hacia arriba. Y, de paso, aquellas aves nos hacían un favor. Su dieta está compuesta fundamentalmente por pequeños insectos voladores, especialmente dípteros —moscas y mosquitos— y pulgones. Cada avión que cruzaba sobre el instituto era también un pequeño insecticida natural volando por encima de nuestras cabezas. (SEO/BirdLife)», explica también el lector.
«Ahora solo queda esperar. Esperar que la próxima primavera los aviones comunes vuelvan a Peñaranda. Y que encuentren el lugar donde durante tantos años levantaron sus pequeñas casas. Ojalá entonces la lluvia acompañe. Ojalá haya charcos y barro suficiente en los caminos y en las cunetas. Ojalá esas pequeñas aves vuelvan a encontrar materia prima para reconstruir, bola a bola, lo que desapareció de un plumazo. Porque un avión común no necesita mucho para volver a empezar: un alero, un lugar tranquilo, insectos en el aire y barro en el suelo. Y quizá también nosotros deberíamos aprender algo de ellos. Que destruir es cuestión de minutos. Construir, en cambio, puede llevar toda una primavera», concluye.














