Hay una Peñaranda que durante estos días tiene un ritmo propio. Se encuentra en la zona de las carpas, convertida durante las Ferias y Fiestas en una auténtica «ciudad» levantada para las peñas, donde las horas pasan entre música, encuentros, risas y muchas ganas de disfrutar.
El recinto peñista se ha consolidado como uno de los grandes puntos de encuentro de las fiestas. Este año, además, las carpas volvieron a completar su cupo en tiempo récord, una muestra evidente de la enorme participación y de las ganas con las que los peñarandinos afrontan estos días.
Recorrer sus calles improvisadas permite comprobar que aquí nadie parece forastero. Las puertas abiertas de las carpas, los saludos entre amigos, los grupos que se reúnen para compartir una bebida o una conversación y el constante trasiego de peñistas convierten el espacio en uno de los rincones con mayor ambiente de toda la localidad.
Cada carpa tiene su propia personalidad, sus colores, su música y su grupo de amigos, pero todas comparten una misma esencia: disfrutar juntos. Jóvenes y mayores se mezclan en un ambiente festivo en el que las diferencias desaparecen y en el que siempre hay espacio para uno más.
La «ciudad de las carpas» no es solamente un lugar para reunirse. Es también uno de los mejores reflejos del carácter participativo de las fiestas de Peñaranda. Buena parte de la actividad festiva pasa por este recinto, que durante estos días se convierte en punto de partida y de llegada para muchas de las propuestas del programa.
El ambiente ya se ha podido comprobar en actividades como el Concurso de DJ’s, que volvió a reunir a peñistas y vecinos en este espacio durante la jornada festiva del martes.
Y es precisamente ahí donde está una de las claves de este rincón: la fiesta se comparte. Quien llega a la zona de las carpas termina encontrando una cara conocida, un saludo, una conversación o una invitación a sumarse al ambiente. Es la esencia de unas fiestas que se viven en la calle y que tienen en las peñas uno de sus principales motores.
Cuando cae la noche, las luces de las carpas, la música y el movimiento de cientos de personas dibujan una estampa especial. Por unas horas, este espacio se transforma en una pequeña ciudad dentro de Peñaranda, con sus propias calles, sus puntos de encuentro y, sobre todo, una norma no escrita: aquí nadie se siente forastero.
Porque si las Ferias y Fiestas tienen un lugar donde se entiende especialmente bien el espíritu peñarandino, ese es, sin duda, el de las carpas: un territorio de amistad, convivencia y fiesta en el que cada peña pone su granito de arena para construir el gran ambiente festivo de estos días.


























