Hay ocasiones en las que el tamaño de un pueblo deja de tener importancia. Eso ocurrió en Malpartida con la representación de “Juan, el espíritu del amor” en la iglesia de San Cristóbal Mártir. Aunque la localidad cuenta con menos de un centenar de habitantes, consiguió reunir a vecinos y visitantes en torno a una propuesta cultural que quedará para el recuerdo.
La representación, organizada dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, contó con la colaboración del Ayuntamiento de Malpartida, el apoyo de la Parroquia y de la Diócesis de Salamanca. El acontecimiento tenía además un carácter histórico: era la primera vez que la iglesia acogía un montaje teatral profesional de estas características.
La elección del municipio no pudo ser más apropiada. A escasos kilómetros se encuentran Duruelo y Mancera de Abajo, dos lugares inseparables de la biografía de San Juan de la Cruz. Esa cercanía convierte a Malpartida en parte de un territorio donde el recuerdo del santo sigue formando parte de la identidad de la comarca.
La tarde tuvo también un marcado acento musical. No solo por la calidad del espectáculo, sino porque el propio alcalde de la localidad es un apasionado de la música tradicional y toca la dulzaina, uno de los instrumentos más representativos del folclore castellano. Una circunstancia que simboliza el compromiso del pueblo con la conservación de sus raíces culturales.
Los cinco intérpretes fueron despedidos con una larga ovación que reflejó la emoción vivida durante la representación. Teatro, música, poesía y patrimonio se dieron la mano en un templo del siglo XVI para demostrar que la cultura no entiende de cifras ni de distancias.
Porque la verdadera riqueza de un pueblo no siempre se mide por el número de habitantes. A veces se mide por su capacidad para abrir las puertas de su iglesia, recibir a los artistas y hacer que una tarde cualquiera termine convirtiéndose en un recuerdo compartido por toda una comunidad.
















