Con motivo del mes de los Fieles Difuntos, la Santísima Virgen de la Soledad se presenta vestida de luto en la iglesia parroquial de Peñaranda, en memoria de todos aquellos que nos precedieron en la fe y como expresión de recogimiento, oración y esperanza cristiana.
Para esta ocasión, luce un elegante conjunto de terciopelo negro, ricamente rematado en oro viejo. En la cintura, una doble lazada en este mismo tono enmarca y realza la silueta de la imagen, aportando armonía y distinción al conjunto.
El atavío se completa con un delicado rostrillo de encaje Chantilly en color champán, que enmarca el rostro de la Santísima Virgen mediante un cuidado tocado a tablas, recogido sobre el pecho, dejando al descubierto la delicadeza de su blonda y la daga de plata, atributo propio de su iconografía, según explica su vestidor, José Ángel Nava.
Sobre sus sienes luce una corona imperial de plata, repujada y cincelada, de inspiración dieciochesca. La pieza, de marcado carácter barroco, presenta arcos imperiales rematados por una cruz, así como un resplandor de rayos rectos y flamígeros, elementos que evocan la realeza espiritual de María y su condición de luz y esperanza para los fieles. La exquisita labor de orfebrería de esta corona contribuye a realzar la solemnidad y el carácter devocional de una de las advocaciones de mayor arraigo y antigüedad de nuestra ciudad.
En su mano derecha sostiene un delicado pañuelo de encaje bordado en tono champán, mientras que en la izquierda porta la corona de espinas y luce un rosario de plata de filigrana charra, un detalle que constituye un guiño a las raíces y tradiciones de nuestra tierra, evocando la identidad y el arraigo de Peñaranda.
















