La Unidad Pastoral integrada por Rágama, Paradinas de San Juan, Zorita de la Frontera, Palaciosrubios, Poveda de las Cintas, El Campo de Peñaranda y El Villar de Gallimazo celebró ayer tarde una Caminata Ecológica con motivo del Jubileo de San Francisco de Asís, una propuesta que unió a vecinos de diferentes localidades de la comarca en torno a la fraternidad, la convivencia y el cuidado del medio ambiente.
Desde Paradinas de San Juan hasta Rágama y bajo el lema “Caminamos juntos en fraternidad y respeto por la creación” los participantes se sumaron al Año Jubilar Franciscano 2026, convocado con motivo del VIII centenario del tránsito de San Francisco de Asís, una celebración que se desarrolla entre enero de 2026 y enero de 2027 y que invita a profundizar en la espiritualidad y el legado del santo de Asís.
Salida a las 17:30 horas desde Paradinas
La jornada comenzó a las 17:30 horas en Paradinas de San Juan, desde donde los participantes iniciaron el recorrido a pie hacia Rágama. Una vez completado el recorrido y tras la llegada a Rágama, los participantes asistieron a la Santa Misa oficiada por Wilton Araújo en el templo parroquial del Salvador y que fue uno de los momentos centrales de esta jornada jubilar. Posteriormente tuvo lugar una merienda compartida, con la que se prolongó la convivencia entre los vecinos y participantes de las distintas localidades.
De esta manera, la jornada combinará actividad física, naturaleza, celebración religiosa y convivencia, siguiendo tres ideas que aparecen destacadas en la convocatoria: “Cuidamos la casa común”, “Caminamos como hermanos” y “Celebramos la vida”.
¿Quién fue San Francisco de Asís?
Francisco nació en Asís, en Italia, hace más de ochocientos años, en el seno de una familia acomodada de comerciantes. De joven soñaba con la gloria: quería ser caballero, buscaba el reconocimiento, le atraían las fiestas y el aplauso de los demás. Nada en sus primeros años hacía presagiar al santo en el que se convertiría.
Pero Dios fue tocando su corazón poco a poco. Una enfermedad, una guerra, un tiempo de silencio y búsqueda interior… y sobre todo, un encuentro que lo cambió todo: el abrazo a un leproso que antes le producía rechazo, y la voz de Cristo crucificado en la pequeña ermita de San Damián, que le dijo: «Francisco, ve y repara mi Iglesia, que como ves, está en ruinas.»
Francisco entendió aquella llamada primero de forma literal —reconstruyendo con sus manos pequeñas ermitas—, pero después comprendió que Dios le pedía algo mucho más grande: reconstruir la Iglesia con una vida entregada al Evangelio, vivido con radicalidad, sencillez y alegría.
Renunció a la riqueza de su familia. Abrazó la pobreza no como una carga, sino como libertad. Y a su alrededor fueron uniéndose otros hombres y mujeres que querían vivir el Evangelio con esa misma sencillez: nacía así la familia franciscana, que hoy, ochocientos años después, sigue viva en el mundo entero.




























