Hay historias que pertenecen a un territorio de una manera especial. No porque aparezcan en los monumentos más conocidos ni porque llenen páginas de los grandes manuales, sino porque forman parte de aquello que los vecinos han aprendido a contar desde siempre.
En Tordillos existe una de esas historias y tiene nombre de mujer: Teresa de Layz.
Por eso la llegada de Juan, el espíritu del amor a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción tuvo un significado que iba mucho más allá de una nueva representación dentro de la gira del Año Jubilar de San Juan de la Cruz. La obra escrita y dirigida por Denis Rafter habla del santo de Fontiveros, de su vida, de su pensamiento, de sus dificultades y de su extraordinaria poesía. Pero en Tordillos era inevitable que apareciera también Teresa de Jesús y, junto a ella, aquella otra Teresa nacida en el propio pueblo.
Teresa de Layz vivió en Tordillos antes de trasladarse a Alba de Tormes con su marido, Francisco Vázquez, contador del Duque de Alba. Allí poseían una casa cuyos terrenos acabarían siendo fundamentales para la fundación del convento de la Anunciación de Nuestra Señora.
Santa Teresa llegó a Alba de Tormes el 25 de enero de 1571 para inaugurar aquel convento.
Pero la historia que rodea a Teresa de Layz no termina ahí. En el capítulo 20 de sus Fundaciones, Santa Teresa cuenta que, cerca de un pozo, Teresa de Layz tuvo una visión de San Andrés. El santo le habría hecho comprender que aquellos que llegaban a su vida podían ser “otros hijos” y que era voluntad de Dios que se hiciera el monasterio.
En Tordillos se conserva además una tradición que añade un capítulo propio a esta historia. Se cuenta que Teresa de Layz habría pensado inicialmente en levantar el convento en su pueblo natal, pero que varios vecinos se opusieron a la unión de terrenos necesaria para hacerlo posible. Finalmente, habría optado por ceder los terrenos de su vivienda en Alba de Tormes.
Es una historia que mezcla documentos, tradición y memoria popular. Y quizá por eso resulta tan cercana.
Porque los pueblos también tienen una historia que no está escrita solamente en archivos. Está en las conversaciones, en las familias, en los nombres de las calles, en las iglesias y en esas historias que alguien cuenta una tarde y que, muchos años después, todavía siguen formando parte de la memoria colectiva.
Tordillos ha conservado también la tradición de que Teresa de Layz y Santa Teresa de Jesús eran primas. Los estudios históricos han encontrado vínculos entre las familias Ahumada y Layz, una relación que ya recogía José de Lamano y Beneite en su obra sobre Santa Teresa en Alba de Tormes publicada en 1914.
Y de repente, la geografía de nuestra comarca adquiere otra dimensión.
Tordillos, Alba de Tormes y toda esta tierra salmantina aparecen unidos por una historia que comenzó hace más de cuatro siglos y que sigue encontrando nuevas maneras de ser contada.
La actuación de Juan, el espíritu del amor, promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca dentro del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, fue una de ellas. Durante una hora y gracias al apoyo del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Salamanca, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción dejó de ser únicamente un edificio religioso para convertirse en escenario, lugar de encuentro y espacio para recuperar una memoria que pertenece también a quienes hoy viven en Tordillos.
Y ahí está, quizá, la verdadera riqueza de llevar la cultura a los pueblos.
No se trata únicamente de llevar una obra desde Salamanca hasta una localidad pequeña. Se trata de que, cuando la obra llega, encuentre algo que le pertenece al lugar y que pueda devolverlo a sus vecinos convertido en emoción.
En Tordillos, San Juan de la Cruz llegó acompañado de su poesía, pero encontró también a Teresa de Layz.
Una mujer que nació aquí, que quiso hacer posible una fundación y cuya historia terminó vinculando para siempre a este pequeño pueblo con Santa Teresa y Alba de Tormes.
Quizá por eso los pueblos necesitan tanto la cultura: porque a veces basta una representación, una palabra o una historia para que vuelvan a mirarse y descubran que debajo de lo cotidiano también hay una historia extraordinaria.
















