La conmemoración del Año Jubilar de San Juan de la Cruz vive en la noche de este domingo, 5 de julio, uno de sus momentos más destacados con la representación de “La Luz Oscura”, de Rafael Álvarez «El Brujo», celebrada en la Plaza de la Paz de Mancera de Abajo.
La actuación, patrocinada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca y organizada por el Ayuntamiento dentro de la programación de las fiestas patronales, ha reunido a numerosos espectadores para disfrutar de una propuesta artística de primer nivel en uno de los municipios con mayor vinculación histórica al santo carmelita.
No en vano, Mancera de Abajo fue el lugar donde San Juan de la Cruz estableció la primera fundación masculina de los Carmelitas Descalzos trasladada desde Duruelo, permaneciendo allí cerca de un año y compartiendo importantes encuentros con Santa Teresa de Jesús. Esa estrecha relación histórica otorgó un significado especial a una representación centrada precisamente en la vida y pensamiento del gran poeta místico.
Rafael Álvarez «El Brujo» ha vuelto a demostrar su extraordinaria capacidad para acercar la literatura clásica y la espiritualidad al gran público mediante un estilo inconfundible que combina humor, reflexión e improvisación. El actor ha conseguido, además, que una figura de enorme profundidad intelectual resultara cercana y accesible para espectadores de todas las edades.
La presencia de un intérprete de su prestigio, habitual de escenarios como los festivales internacionales de Mérida y Almagro, ha supuesto, también, un acontecimiento excepcional para una localidad de apenas 200 habitantes, convirtiendo la representación en un auténtico acontecimiento cultural para toda la comarca.
La función concluyó entre una larga ovación, reflejo del éxito de una iniciativa impulsada gracias al compromiso del Ayuntamiento de Mancera de Abajo y al apoyo decidido del Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, que continúa llevando la programación del Año Jubilar a los lugares más estrechamente vinculados con la vida de San Juan de la Cruz.
Hay veces en las que no es el público quien acude al gran teatro, sino el gran teatro el que sale al encuentro de los pueblos. Eso ha ocurrido en Mancera de Abajo.

































