María Cruz pasa desde hoy a formar parte del privilegiado grupo de las personas más longevas de la provincia salmantina y este hecho ha merecido una fiesta por todo lo alto en la residencia San Pedro Advíncula, de Peñaranda, donde llegó hace hoy justo un año. Toda su familia, formada por tres hijos, ocho nietos y once biznietos, ha querido acompañarla en este acontecimiento tan especial en su vida, una vida marcada por el esfuerzo y el sacrificio como tantas mujeres de su época.
La familia de María Cruz tuvo una posada en la vecina localidad de Aldeaseca de la Frontera y ella continuó con el negocio pasando de ser posada a bar. «Eso le ha dado unas habilidades para manejarse en la vida porque tiene don de gentes, ella ha sido muy trabajadora siempre, es muy hospitalaria y la verdad es que siempre se interesa por los demás. Como se sabe en los pueblos el bar es el centro neurálgico porque es un lugar de encuentro, de acompañamiento como un centro social. Ella precisamente por haber tenido el bar es una persona muy querida en su pueblo», comentan en el centro asistencial.
María Cruz contrajo matrimonio con Hermelo, al que llamaban Melo, y con quien fundó esta bonita familia que también ha vivido con muchísima ilusión el centenario de la matriarca. Los homenajes continuarán esta tarde en su pueblo, Aldeaseca de la Frontera, con una misa y un convite en el salón del Ayuntamiento.
«A pesar de sus 100 años tiene una cabeza fantástica. Te cuenta cómo era la vida de antes, que parece increíble que hayan vivido así y que lo tomamos también como punto de comparación con la vida que tenemos ahora y ella te lo cuenta pues con todos los detalles porque te lo sabe relatar y tiene un hilo conductor estupendo. Te explica, por ejemplo, que a la posada que ellos tenían venían los muleros de Santibáñez de Béjar. El que vinieran los muleros de allí que vendían en esta zona pues era algo importantísimo porque una mula entonces era como un coche ahora, entonces la mula era alguien más de la familia, era un animal para que te transportara, para un animal de carga y un animal de trabajo. Muchas veces en esos negocios se entablaban otras relaciones que eran casi como de familia y en su bar ha servido durante años comidas y cenas que le han dado merecida fama por guisar muy bien», añaden los que la cuidan a diario.
El fielato en Peñaranda donde se pagaba in situ el impuesto por la compra venta de mercancía, las cartillas de racionamiento, ir a lavar al río, las rondas de los mozos a las mozas para darles la serenata…son algunos de los capítulos de la intensa vida de María Cruz que siguen vivos en su memoria y ella comparte. Precisamente en su cumpleaños no ha faltado la música, la de sus compañeros dedicándole varias canciones y también la de la tuna que ha sido otra gran sorpresa para ella. María Cruz ha recibido una placa conmemorativa regalo de la residencia y un ramo de flores y los residentes le han regalado, además una flor preservada y le han hecho unas rosquillas.























