Ángel García Gutiérrez «Lillo» tiene grandes pasiones como el deporte, la naturaleza y por supuesto, la fotografía, que le ha llevado hace unos días a ganar el concurso organizado por la Hermandad de Cofradías de la Semana Santa para ilustrar el cartel anunciador de la misma.
-Segunda ocasión en la que se presenta al concurso de fotografía de la Hermandad de Cofradías de Peñaranda y segunda vez que repite triunfo y, además, también con el accésit, ¿se lo esperaba?
-Sinceramente, no, no me lo esperaba. Tuve el honor de que una fotografía mía, un primerísimo plano de Nuestra Señora de la Esperanza, sirviera como base del cartel anunciador de la Semana Santa de Peñaranda de Bracamonte en 2015. En 2018 gané el concurso y una imagen de las manos de la Virgen Nuestra Señora de las Lágrimas dio forma al cartel anunciador. Y este año la foto ganadora del concurso, que anunciará la Semana Santa peñarandina de 2026, es un contrapicado de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, una imagen que tomé el Domingo de Resurrección. Casualmente, todo vírgenes.
Pero, quisiera aprovechar para dar la enhorabuena a la Hermandad de Cofradías por la organización del concurso y, a través de este importante altavoz de tu diario digital de noticias de Peñaranda de Bracamonte y comarca, agradecer a todas las personas que han participado en el concurso contribuyendo con el éxito del mismo y aportando un buen número de bonitas y curiosas miradas de nuestra querida Semana Santa. A mí no me gustan los concursos, no suelo participar en ellos. En este caso lo hice por cuestiones sentimentales y de compromiso con mi pueblo y la Semana Santa que tanto me gusta y atrae. Me presenté para contribuir humildemente con el concurso de mi ciudad, y con la ilusión de acercar mi punto de vista fotográfico a los vecinos y vecinas de Peñaranda. Me siento abrumado, la verdad. Y repetir el primer premio y, además, llevarme el accésit… parece casi un guion de película. Se han alineado los astros.
-Usted es un reconocido aficionado a la fotografía desde hace años, ¿cuál es la temática más complicada de plasmar en una imagen?
-Yo creo que no se trata de temáticas… «Fotografía» proviene del griego y etimológicamente significa «escribir con luz». Partiendo de ahí, si sabes cómo encontrar esa luz, técnicamente todo es ‘solucionable’. El problema o la dificultad, para mí, está relacionado con la composición y con ser capaz de transmitir emociones o sensaciones, construir una narrativa. Y, centrándonos en este aspecto y en la temática que nos ocupa, la Semana Santa, para mí, sin duda, lo más complicado de plasmar es el silencio. Es fácil fotografiar el movimiento de un paso o el brillo de un cirio, el dolor a través de las heridas o la sangre, pero captar el peso del silencio y el respeto que se respira en las procesiones es un reto mayúsculo. Técnicamente, la noche es traicionera, pero emocionalmente, lograr que una imagen ‘vibre’ sin sonido es realmente complicado.


-Fotografiar la Semana Santa de su ciudad y que, además, ha vivido de cerca desde su niñez, ¿qué implica a nivel personal?
-Es como cerrar un círculo. En la Semana Santa de Peñaranda, siendo un zagal, he echado una mano para montar los pasos de la Cofradía Preciosa Sangre cuando la familia Fuentes realizaba las correspondientes labores en la Plazuela de Santa Apolonia, donde me he criado. También he procesionado de monaguillo con esta misma cofradía. Por otro lado, tuve la fortuna de formar parte de la banda de música un par de años. También he procesionado de capuchón con la Cofradía de la Vera Cruz, de la que soy cofrade desde que era un chaval. Y durante todas estas fases, y desde jovenzuelo, miraba hacia arriba con curiosidad y respeto para observar las imágenes; ahora las miro a través del visor, pero el sentimiento es el mismo. Implica una mezcla de nostalgia y servicio. No estoy solo haciendo fotos; estoy documentando mis propios recuerdos y los de mis vecinos y vecinas. Es una forma de devolverle a la Semana Santa de Peñaranda todo lo que me ha dado desde que era un crío.
-Que una fotografía hecha por usted anuncie la Semana Santa de Peñaranda ¿se ve como una satisfacción personal o como una responsabilidad?
-Es una responsabilidad. La satisfacción personal dura lo que tarda el jurado en decir tu nombre, pero la responsabilidad dura todo el año. Esa foto va a ser la cara de nuestra Semana Santa ante el mundo; es lo que verán los que vuelven al pueblo y los que se quedan. Espero que cada peñarandino se sienta identificado con esa luz, esa emoción y ese encuadre que abre las puertas del cielo y apunta a la resurrección. Más satisfacción me ha generado el que haya sido elegida esta imagen, me alegro mucho por la Cofradía y por las personas cofrades de la misma.
Aunque la advocación representada es la Virgen de la Soledad (que tradicionalmente procesiona en último lugar en la procesión del Santo Entierro o, después, sin música; y está tradicionalmente ligada al duelo y al recogimiento), yo he elegido una foto con luz diurna y con manto claro bordado en oro intentando romper con la habitual iconografía sombría. Aquí la Soledad no aparece sumida en la oscuridad, sino iluminada, vibrando con la luz del día, sugiriendo gloria futura más que luto presente, casi en un despertar espiritual. El contrapicado acentúa esa elevación: la Virgen trasciende el sufrimiento y con sus manos abiertas, suspendidas en un gesto contenido, parecen simbolizar una entrega que ya no es únicamente dolorosa, sino también esperanzada.

-¿Cree que con un teléfono móvil de última generación como los actuales se puede obtener una gran foto en la Semana Santa?
-Hay una frase que tiene mucho peso, por lo cierta que es: la mejor cámara es la que llevas encima en el momento preciso. La tecnología ha avanzado y evolucionado hiperbólicamente y un teléfono móvil hoy, además de ser fácilmente portable, ofrece grandes ventajas y hace maravillas. Los teléfonos han facilitado lo que se conoce como ‘democratización de la fotografía’, y cada vez ofrecen mejores calidades, tienen mejores lentes, mejores sensores, son rápidos, te permiten compartir al instante… Pero también hay que ser realistas, la Semana Santa es ‘terreno hostil’ para los sensores pequeños: poca luz, contrastes fuertes, distancias… Para un recuerdo rápido y para transformar instantes fugaces en memorias visuales, el móvil es imbatible; para capturar la atmósfera profunda y el detalle técnico que exige un cartel, el cristal de un buen objetivo sigue sin tener rival. ¿Se puede obtener una gran foto con el teléfono? Por supuesto; pero digamos que el móvil capta el ‘qué’, y una cámara réflex es capaz de captar, además, el ‘cuánto’ y el ‘cómo’.
-Imagino que es complicado elegir y no herir sensibilidades, pero ¿cúal es el paso de la Semana Santa peñarandina que más te motiva a la hora de fotografiar?
-Es como preguntar a quién quieres más, si a papá o a mamá…Se suele decir que “la belleza está en los ojos de quien mira”, y los gustos de cada uno se construyen en base a subjetividades, vivencias y percepciones propias. Ahí está la gracia: cada uno tenemos una mirada, unos gustos, unos deseos, unas preferencias… Y no es malo. Es bonito y enriquecedor que haya variedad. Pero si me tengo que mojar, diría que la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, de la Cofradía de la Vera Cruz. Para mí es un conjunto narrativo complejo (la Piedad, sentada, sosteniendo en esa diagonal el cuerpo de Jesús).
El rostro de la Piedad me transmite una tristeza contenida, serena y casi divina. Es un paso que me recuerda nuestra propia vulnerabilidad, la fragilidad de la existencia. Es precioso. Es la imagen universal del amor incondicional que sobrevive al martirio y a la pérdida ¿No os parece que, sin hablar, están dialogando hijo y madre? Increíble belleza. Y, para ser justo, también me encanta el Cristo del Humilladero, por sus facciones y por cómo destaca la piel en la oscuridad de la noche peñarandina. Es un cuerpo de Cristo crucificado del que siempre me han sorprendido sus dimensiones, sus piernas flexionadas y los pies cruzados, que, además, me da la sensación de haber dejado de sufrir para entrar en un sueño profundo, y que al procesionar ofrece unos bellos contrastes que son un regalo para cualquier fotógrafo u observador.
















