Una de las cosas que más me gusta de ser maestro escuela en un Centro de Educación de Personas Adultas es que los alumnos, aparte de prestar una absoluta atención en clase, no dudan en plantearme todo tipo de cuestiones para satisfacer su curiosidad sobre los temas más variopintos, ofreciéndome así la oportunidad de aprender cosas nuevas. Así ocurrió el otro día cuando Teófilo, oriundo de Paradinas de San Juan, me propuso el reto de averiguar a quién pertenecía un blasón nobiliario que se conserva en una casa y en la iglesia de su localidad, que está bajo la advocación de San Pedro. Se trata de un escudo cuartelado que en el primer cuartel trae tres fajas, en el segundo tres fajas jaqueladas con ceñidor, en el tercero ondas y en el cuarto tres flores de lis, todo tenido por una sirena, cuya cabeza sobresale del jefe del escudo flanqueada por dos Cruces de Malta, mientras la cola se dobla hacia la izquierda del observador.
Averiguar el sentido de dichas cruces era fácil, ya que blancas y en un campo negro fueron el emblema de la Orden de los Hospitalarios de San Juan y, precisamente, los Sanjuanistas fueron dueños y señores de Paradinas desde 1113, año en el que la reina Urraca de León entregó dicha población, sus tierras y sus gentes a los mencionados frailes guerreros. Éstos comenzaron su labor de asistencia a los peregrinos y de defensa de la cristiandad con la construcción de un hospital y una iglesia en Jerusalén para terminar poseyendo vastos dominios en el Sacro Imperio Germánico, Inglaterra, Francia, la península itálica y, por supuesto, en los cinco reinos cristianos de la península ibérica. La monarca leonesa tenía buenas razones para hacer esta donación a la Orden Hospitalaria, a la que se sumaría en años sucesivos la de otras tierras y poblaciones del vecino valle del río Guareña, entre ellas una cuyo nombre no es casual, Torrecilla de la Orden. El establecimiento de los Sanjuanistas en ese territorio localizado entre las actuales provincias de Salamanca, Zamora y Valladolid contribuiría a la repoblación del mismo y a su defensa militar, necesaria al haberse convertido en fronterizo entre el mundo cristiano y musulmán tras la conquista de Toledo en 1085 por parte del rey Alfonso VI de León. Y, los freires y freiras, que también las hubo, ¿qué ganaban?, pues sustanciosos ingresos procedentes de la explotación agropecuaria del territorio, que se emplearían para sufragar la guerra contra los musulmanes en la península ibérica y en Tierra Santa y, pasado el tiempo, contra los turcos, que en el siglo XVI se habían convertido en una verdadera pesadilla para los cristianos que habitaban las costas del Mediterráneo o surcaban sus aguas.


El porqué del apellido de esta localidad salmantina queda claro entonces, pero, ¿de dónde viene el nombre de Paradinas? Pues parece que procede de parietinae (paredinas), palabra que designaría un lugar abandonado y en ruinas, ya que, probablemente, aquello fue un despoblado, un lugar de paredes caídas, desde la invasión musulmana en el 711 hasta que las tierras salmantinas volvieron a estar controladas por cristianos en el siglo X.
Paradinas de San Juan entraría en nuestra historia medieval con la reunión celebrada en esta población el 2 de febrero de 1183 entre Fernando II de León y su sobrino Alfonso VIII de Castilla, que llevaban ya mucho tiempo enzarzados en conflictos fronterizos. No lo he mencionado antes, pero la presencia de la Orden Hospitalaria en Paradinas y en un territorio como el del valle del Guareña también servía para establecer una zona neutral en la frontera entre dos reinos cristianos que podían iniciar una guerra en cualquier momento, y ahora entenderéis por qué cerca de Paradinas hay pueblos como Zorita y Aldeaseca que se apellidan “de la Frontera” y otros como Horcajo y Chagarcía que son “Medianero”. De dicha reunión nació el Tratado de Fresno-Lavandera, que hace referencia, respectivamente, a la localidad leonesa de Fresno el Viejo y a la castellana de Carpio y que trajo la paz durante algunos años. Pocos, porque el caso es que en 1196 se inició una cruenta guerra entre los reinos de Castilla y de León que tuvo uno de sus episodios más destructivos en el verano de 1197, cuando tropas aliadas castellanas y aragonesas tomaron el castillo de Paradinas sin importarles lo más mínimo que este perteneciera a los neutrales Sanjuanistas. Después lanzaron una ofensiva que penetró en tierras leonesas y devastó todo a su paso, saliendo la peor parada la villa de Alba de Tormes, que tuvo que ser reconstruida y repoblada por Alfonso IX de León.





Los reinos de Castilla y de León gozarían de una definitiva paz entre ellos desde 1230, año en el que Fernando III, rey de Castilla desde 1217, fue también proclamado de León gracias a la habilidad política de su madre la reina Berenguela. Los Sanjuanistas, desde entonces volcados en la conquista de Al-Ándalus, permanecieron durante siglos en su encomienda de Paradinas, que junto a las del valle del Guareña formarían un auténtico señorío. Y al frente de cada encomienda estaba un comendador, siendo el de Paradinas de San Juan entre 1522 y 1533 un caballero gallego llamado Ares López Fandiño Mariño de Goyanes, que es, precisamente, el propietario del blasón tenido por una sirena y flanqueado por las cruces de la Orden de San Juan. La presencia de su emblema heráldico en la fachada de lo que fuera la casa comendataria y en la iglesia de la localidad de Paradinas de San Juan deja entrever un sentido legitimador, de reafirmación personalista, junto al deseo de perpetuación de su memoria, ya que él fue el constructor del inmueble y además financió a su costa la reconstrucción del templo paradinense, que se había encontrado en ruinas al comienzo de su mandato, quizá a causa de la destrucción y el saqueo que llevaron a cabo en la zona las tropas de Carlos I durante la guerra de las Comunidades.
El heraldista salmantino Julián Álvarez Villar afirma en un artículo titulado “Recorriendo la provincia. Un problema heráldico de Paradinas de San Juan” que no es capaz de identificar a qué apellido pertenece el primer cuartel del escudo del comendador Ares López; en cambio tiene claro que el segundo cuartel trae en plata tres fajas con dos órdenes de jaqueles de oro y de gules, separadas cada una por una raya o ceñidor de sable, lo que se corresponde con el linaje de los Sotomayor; en el tercer cuartel ve en plata tres fajas ondeadas de azur, propias del apellido Mariño, y en el cuarto cuartel, en campo de azur tres flores de lis, que es Ares. La sirena tenente afirma que es propia de los Goyanes, una rama de los Mariño. Siguiendo esta descripción el heraldista salmantino José Moreiro Píriz ha recreado para este artículo el blasón del comendador con sus esmaltes y metales correspondientes, lo que le agradezco enormemente.
Por otro lado, lamentablemente se conserva muy poco del templo construido a caballo entre los siglos XII y XIII por los Sanjuanistas de Paradinas —quizá en tiempos del primer comendador que se cita en los documentos allá por 1215, un tal Suero Peláez— pero lo que permanece es especialmente evocador. Destacaría un capitel historiado situado en el lado izquierdo del arco triunfal y que representa una epifanía con los Reyes Magos sobre sus monturas y señalando la estrella de Belén, lo que constituye una permanente felicitación navideña que debería ser emblemática de esta localidad salmantina.
Y me despido, como no, con una ensoñación, que algún día la casa comendataria de Paradinas se habilite como un espacio expositivo y didáctico permanente dedicado a la Orden de los Hospitalarios de San Juan que, junto a los Templarios y los caballeros Teutónicos, constituyó una de las grandes hermandades de monjes guerreros nacidos en Tierra Santa, teniendo esta como misiones principales el testimonio y defensa de la fe cristiana y el servicio a los pobres.
TEXTO Y FOTOS: MIGUEL ÁNGEL MARTÍN MAS



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