Agustín Rodríguez Vilches es, sin duda, todo un referente en el histórico y tradicional comercio de Peñaranda donde durante varias décadas ha estado al frente de su negocio de menaje del hogar, electrodomésticos e incluso telefonía móvil. Su carácter, siempre emprendedor, y su compromiso con la localidad que le acogió le hicieron asumir, además, puestos de responsabilidad como concejal del Ayuntamiento, como presidente de la Ampa del colegio público Miguel de Unamuno donde estudiaban sus hijos y también fundó, junto a Miguel Salinero, la asociación empresarial Asempeco.
-¿Cómo y cuándo fue su llegada a la localidad peñarandina?
-Corría el año 1947. En Peñaranda estaba destinada como maestra, en la escuela que había donde hoy se encuentra Correos, mi abuela doña Catalina y recuerdo también a sus compañeras doña Aurora y doña María). Simón, el marido de Julia, hermana de mi madre Teresa, trabajaba en el negocio de ferretería ubicado en la Plaza de España 1 (hoy Calzados El Arco Iris). Los dueños eran ya muy mayores y querían dejarlo, así que mi abuela habló con su hija Teresa y su yerno Ángel (mis padres) sobre esta oportunidad en Peñaranda. Mis padres, que tenían tierras de viñedos y olivos en Villanueva del Conde, no estaban muy decididos, pero al final, ya sabes, la madre convence a su hija y ésta a su marido. Además, mi hermana mayor, Pepita, ya llevaba algún curso en las Jesuitinas (junto a la ferretería Contreras) y vivía con nuestros abuelos, Francisco y Catalina, en Peñaranda. Así que en 1947 ya estábamos instalados aquí mis padres, tres hermanas (Pepita, Teresa e Isabel), un hermano (Francisco) y yo, Agustín, que llegué con 6 años; unos meses después nacería ya aquí Julia, la hermana pequeña.
-¿En qué momento empieza su etapa en el negocio familiar?
-Mis hermanas y yo fuimos pasando cursos, con buenas notas, en la escuela en la que trabajaba mi abuela Catalina. Cuando cumplí 14 años decidí prepararme para hacerme cargo del negocio que había llevado mi padre, Ángel Rodríguez Gómez, tras varios cursos de contabilidad, con 18 años y el visto bueno de mis padres. En aquella época la ferretería era un buen negocio. Arados, rejas, bisagras, carburo (los candiles de carburo eran muy comunes en las casas que no tenían luz eléctrica). Como dato curioso, en aquellos años, de 1947 a 1950 o 1952, era normal el regateo en el comercio, acuñándose el dicho: “Si te piden 12, ofrece 6, al estilo Peñaranda”. Esto fue cambiando hasta convertirse en el comercio amable y serio de hoy en día en nuestra localidad.
-Tantos años detrás del mostrador le han permitido, además, ver el progreso y la llegada de importantes avances en los productos que vendían, ¿qué recuerda de todo ello?
-El negocio de la ferretería fue dejando paso, poco a poco, a nuevos productos que reflejaban la evolución de la sociedad y los cambios en las costumbres. Cuando llegamos a Peñaranda, las mujeres lavaban a mano en el Reguero, el Inestal o San Lázaro. En los años 60 empezamos a vender productos tan novedosos como las primeras lavadoras, que eran como un bidón con un aspa en la parte de abajo; las fregonas o friegasuelos (al principio costó convencer a las amas de casa de su utilidad y comodidad) o las cocinas de butano (una auténtica revolución). Pasaron los años y en los 80 fue el boom de los pequeños y grandes electrodomésticos que nos hicieron la vida más cómoda. Rodríguez Vilches era un referente en Peñaranda. En los 90 llegaron los teléfonos móviles y nos íbamos actualizando con los tiempos y ofreciendo siempre novedades, precios competitivos y un servicio amable y serio en un negocio de proximidad que evitaba que los peñarandinos y los habitantes de la comarca tuvieran que desplazarse más lejos. En octubre de 2022, dos meses antes de cumplir 82 años, creí que había llegado el momento de disfrutar de mi jubilación.

-A lo largo de estos años en Peñaranda usted también ha tomado parte activa en la vida diaria de la localidad y en otros ámbitos, ¿cuáles han sido?
-Mi esposa, María Jesús Macías Corral, maestra de Educación Infantil, estuvo en varios pueblos de Ávila y Salamanca (Solana, Santiago de la Puebla) y en Salamanca capital hasta su jubilación, falleció en 2006 y tuvimos tres hijas y un hijo. Mis hijas estudiaron en el Colegio Miguel de Unamuno, donde, durante varios años, fui presidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos y estuve rodeado de un buen equipo. La actividad más recordada será, probablemente, el “Día de la Bici”, en el que las familias disfrutábamos de un día de deporte y convivencia en el que conocíamos pueblos cercanos donde nos atendían muy bien. Recuerdo que visitamos Bóveda, Salmoral, Paradinas, Rasueros o Flores de Ávila. En los años 80 creamos, Miguel Salinero y yo, ASEMPECO (Asociación de Empresarios de Peñaranda y Comarca), lo que nos permitió organizar muchas actividades para revitalizar el sector, estructurar el calendario laboral local o impulsar la vigilancia del comercio clandestino.
-En su vida tampoco faltó el paso por la política municipal peñarandina, ¿cómo lo vivió?
-En otra etapa que también merece la pena destacar, fui concejal del Excelentísimo Ayuntamiento de Peñaranda de Bracamonte, siendo alcalde don Manuel Almeida. Se construyeron 200 viviendas en el Reguero (Reyes Católicos) y San Lázaro, mejorando las condiciones de vida de muchos ciudadanos, algo de lo que toda la Corporación Municipal nos enorgullecimos de hacer realidad, independientemente del partido político de cada uno. Fue un placer para mí poder ponerme al servicio de las necesidades de los ciudadanos de manera totalmente altruista. En estos años también se facilitó la creación de la sede de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Peñaranda, que marcó un hito en la historia y la vida cultural de nuestra localidad. Durante varios años, ya más recientemente, como presidente de la Asociación de la Encarnación del Hijo de Dios y con Seve como secretario, mejoramos la cobertura y condiciones para los asociados como la anulación de costes por traslado desde cualquier lugar de España o la, gratuidad para menores de 25 años con padres asociados.
-Desde su dilatada experiencia en el sector, ¿cómo ve a día de hoy el comercio peñarandino?
-El comercio peñarandino siempre ha estado muy sometido al albor de Salamanca, pero nuestra profesionalidad, en general, ha sabido atraer a nuestros ciudadanos y a clientela de la comarca. Hoy corren otros tiempos, Internet parece ser el enemigo, pero se debe hacer entender a la clientela que es más seguro comprar presencialmente, en negocios con una trayectoria, para evitar sorpresas de garantía en el producto adquirido. Así se evitarán disgustos con reclamaciones no atendidas, empresas virtuales que desaparecen o productos que no se corresponden con tu compra. Si compramos en nuestros establecimientos habituales el comercio local seguirá vivo; ayudándole te ayudarás. Peñaranda necesita también industria y es necesario informarse sobre las oportunidades y ayudas que se ofrecen desde las diferentes administraciones. Tenemos un polígono industrial con un gran potencial y jóvenes muy preparados. El futuro es vuestro.
-¿Qué balance hace de su vida profesional como comerciante?
-He sido, por vocación, un vendedor entusiasta dentro de mi profesión. La prueba está en mi retirada en octubre de 2022, a los 81 años, muchos años después de la edad estipulada, cobrando la mitad que si me hubiera jubilado a los 65 y pagando los impuestos que correspondían a mi negocio. Mi día a día tras el mostrador ha supuesto un contacto constante con las personas, con sus cuitas, esos problemas que muchas veces allanas si sabes ser conciliador. He sido muy feliz, me he realizado como empresario y como ser humano. Si es posible, trabaja en lo que te gusta, busca el elemento en el que te encuentras a gusto. De todo corazón, después de todos estos años de momentos compartidos, os expreso, Peñaranda y comarca, mi gratitud y mi cariño sinceros.


















