La pasión por el modelismo naval ha llevado a Nacho Plaza a transformar piezas aparentemente inservibles en auténticas reproducciones de barcos antiguos. Bajo el título ‘Estelas en la mar. Modelismo naval estático. Obras de Nacho Plaza’, su exposición muestra el resultado de un trabajo artesanal en el que la imaginación, la constancia y el reciclaje desempeñan un papel fundamental. Sus obras pueden admirarse desde ayer y hasta el 3 de noviembre en el zaguán del Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda.
El origen de esta afición fue una casualidad. Un compañero de trabajo le regaló los restos de un barco que estaba medio roto, con la quilla dañada, pocas cuadernas y varias piezas que faltaban. Plaza no sabía qué hacer con aquel modelo y lo dejó abandonado en su taller hasta que, cerca de su jubilación, decidió recuperarlo y comprobar si era capaz de reconstruirlo.
«Me puse a ver vídeos de barcos antiguos en internet, me entró la curiosidad y acabé suscrito a páginas de modelismo naval», recuerda el autor, que siempre había sentido interés por la marquetería. Aquel primer proyecto terminó convirtiéndose en un reto personal que le abrió las puertas a una afición que continúa desarrollando.
El proceso, sin embargo, no fue sencillo. Uno de los mayores desafíos llegó al intentar doblar las tracas del casco para dar forma a la proa. «Con constancia y mucha calma fui sacando las formas del barco», explica Nacho Plaza, que reconoce haber atravesado numerosos momentos de frustración durante la construcción.
Hubo ocasiones en las que estuvo a punto de abandonar, pero la perseverancia terminó imponiéndose. «Cuando las cosas se torcían, lo dejaba para el día siguiente y volvía con la cabeza fría», señala. Aquel primer barco le llevó dos años de trabajo, pero también le proporcionó la satisfacción de comprobar que era capaz de completar el proyecto. «Sentí una satisfacción de esas que te llenan por dentro, y entendí que sí se podía», afirma.
La imaginación como herramienta de trabajo
Una de las particularidades de las obras de Plaza es que están realizadas con herramientas mínimas y materiales reciclados. El modelista aprovecha objetos cotidianos para dar forma a los distintos elementos de sus embarcaciones, demostrando que la creatividad puede suplir la falta de medios.
«Casi todo lo que se ve en esta exposición está hecho con herramientas mínimas y material reciclado», explica. Entre sus recursos figuran latas de sardinas, de las que obtiene las bisagras de las troneras de los cañones, o palés y contramarcos de puertas, que utiliza para conseguir madera de sapeli. Incluso ha llegado a fabricar un pequeño torno con un taladro.
Su filosofía de trabajo se resume en una idea: «La herramienta que no tengo me la fabrico con lo que haya a mano». Una manera de trabajar que convierte cada embarcación en una pieza única y refleja el ingenio necesario para resolver las dificultades que aparecen durante la construcción.
Un espacio para desconectar
Más allá del resultado final, el modelismo naval representa para Nacho Plaza una forma de desconectar de las preocupaciones cotidianas y encontrar tranquilidad en el trabajo manual.
«Cuando me siento con un barco, el mundo se queda fuera del taller. Las manos trabajan despacio, el tiempo deja de correr y las preocupaciones se quedan en puerto», relata. Para él, esta afición supone «una evasión total, un viaje sin moverme de la silla».
Esa dimensión personal está presente en una exposición que invita al visitante a detenerse en los detalles y descubrir el tiempo y la dedicación que requiere cada reproducción. Plaza quiere compartir con el público una pasión que ha ido creciendo con cada nuevo proyecto y que le ha permitido seguir aprendiendo y perfeccionando su técnica.
Nuevos barcos en el horizonte
El modelista ya tiene en mente los próximos retos que quiere afrontar: la carabela Magdalena y el Queen Mississippi. Por ahora, ambos proyectos se encuentran en una fase inicial, con las piezas y los materiales preparados a la espera de convertirse en nuevas embarcaciones.
Mientras tanto, la exposición reúne el fruto de muchas horas de trabajo paciente y de una afición nacida casi por casualidad. «Cada pieza que veis aquí ha salido de mi taller, hecha a mano y con paciencia», destaca Plaza, quien reconoce que mostrar sus obras al público le llena de ilusión.
Su deseo es que quienes visiten la muestra disfruten de los barcos sin prisas y se dejen llevar por la imaginación. «Una pasión se disfruta más cuando se comparte», concluye.
Un mensaje que enlaza con la cita de Antonio Machado elegida para acompañar la exposición: «Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar». Una frase que resume el recorrido personal de Nacho Plaza y una afición en la que cada barco terminado abre el camino hacia un nuevo desafío.
























