Esta semana ha echado el cierre otro de los negocios históricos y singulares de Peñaranda, no en vano ha acompañado el día a día de la localidad durante 33 años. Juan Clavo Martín gira la llave de «Biciclista», en el Paseo de la Estación, con una mezcla de nostalgia, recuerdos y también de ilusión por la merecida etapa que ahora comienza con su jubilación. Atrás quedan innumerables horas entre pedales, cadenas, cubiertas, manillares…que le han acompañado en el taller y también entre las bicicletas, de todos los tamaños y colores, expuestas en una tienda por la que han pasado varias generaciones para estrenar desde el primer modelo de bici que acompaña a la infancia hasta los más sofisticados de carretera o montaña para los apasionados de las dos ruedas.
En el año 1993 Juan, mecánico en un taller de coches, tuvo que enfrentarse a un despido que le obligó a replantear su vida profesional y reconvertirse. Aficionado desde siempre al ciclismo vio en este sector una posible salida laboral. «Le dije no te derrumbes, tiraremos como podamos y busca algo que te guste» recuerda su mujer, Luci, que ha sido su gran apoyo junto al de sus dos hijos a lo largo de todo este tiempo. Un pequeño local en la plaza de la Constitución sirvió para «sembrar» la primera semilla del negocio. «Siempre agradeceré al señor Pablo ‘el Serrano’ que nos lo cedió hasta ver cómo nos iba, no nos puso impedimento alguno, y allí empecé con tres bicis», recuerda Juan Clavo.
El espectacular auge de las bicis de montaña en ese década fue providencial para que el negocio se asentara y creciera. «Pasamos siete años en el local de la plaza y ya en el año 2000 compramos una casa en la calle Luz Nueva, mucho más amplia, que nos permitió ya contar con más espacio de taller y tienda. Pocos años después se cayó el tejado del inmueble, hubo que derribarlo y tocó volver a empezar», cuenta Juan.

A pesar de todos estos cambios y «mudanzas» en Biciclista, Juan y Luci siempre han tenido clara su apuesta por Peñaranda, el lugar que les vio nacer y crecer, en el que formaron su familia y en el que siempre han querido permanecer. «Buscando una nueva ubicación encontramos el local en el Paseo de la Estación donde también tuvimos el apoyo incondicional de la familia Mora, propietaria del mismo, para arrancar con esta etapa y aquí hemos estado nueve años muy a gusto, en una ubicación muy buena, con un taller y tienda muy grandes y en el que hemos podido llegar ya hasta la jubilación», explica el matrimonio.
Juan no duda en animar a toda la persona que quiera emprender un negocio, a pesar de que hay momentos buenos y otros menos buenos, y considera «la ilusión y el trabajo diario» como dos de las claves más importantes para salir adelante. «Para mí lo más gratificante ha sido el contacto con la gente, la ilusión de vender la bici a un niño, la de los padres cuando venían a elegir una para sus hijos como regalo de Reyes o de la Comunión y también cuando venían los chavales con la bici rota y salía nueva y lista para seguir rodando», comenta.
Por «Biciclista» han pasado, además, durante estos años destacados ciclistas que, tras su etapa deportiva, se dedicaron a tareas comerciales relacionadas también con este mismo deporte. «Pruden Induráin, Lale Cubino o Chozas han sido algunos de los que han venido y me ha hecho siempre especial ilusión», añade Juan. La propia evolución del ciclismo ha obligado, además, a Juan Clavo a «reciclarse» tanto a la hora de vender como a la de arreglar. «Ha cambiado mucho el mundo de la bici, cuando yo empecé no había frenos de disco, ni suspensión delantera ni cambios eléctricos y ahora hay bicicletas que son auténticas máquinas», reconoce.
Compartiendo el desayuno a primera hora de la mañana en Los Álamos, frente a Biciclista, y donde Juan y Luci han tenido durante todos estos años su parada habitual y también su casa por la acogida del chef Helio Flores y su equipo, la pareja vive unida como siempre estas últimas horas del negocio.
«Siempre me ha gustado montar en bici, todo lo que he podido porque mis compañeros tenían más tiempo que yo y en mi caso tenía que aprovechar normalmente los ratos después de comer y hasta que llegaba la hora de volver a abrir la tienda por la tarde. Ahora, ya jubilado, quiero seguir por supuesto montando en bici, viajar con mi mujer, ir a ver a mis hijos y mi nieto y disfrutar el día a día», asegura. A sus 68 años deja atrás casi 54 cotizados y la satisfacción de haber sido un gran profesional en su trabajo y, también, de seguir siendo, ante todo, una buena persona. «Siempre he estado muy contento con mi trabajo, para mí que llegara el lunes no era problema porque yo he sido feliz haciendo lo que me gusta» concluye.
















