No es que sienta yo especial respeto por los linajes nobiliarios, más que nada, dicho sea de paso, porque su permanencia en la actualidad, al igual que la de la monarquía, es básicamente una tomadura de pelo; aun así, tengo que reconocer que siento debilidad por las armas heráldicas de los Bracamonte, ya que me apetece creer que ese mazo y ese chevron simulando un monte son una heráldica parlante que nos habla de un antepasado guerrero normando que fue apodado el Rompemonte (Bracquemont).
Dicha heráldica, por supuesto, se puede ver esculpida y pintada en la capilla de Mosén Rubí de Bracamonte en Ávila, pero también en Peñaranda de Bracamonte, concretamente en la fachada de la iglesia de San Miguel Arcángel y en un escudo en piedra que se conserva, mejor dicho, se mal conserva, en el parque de La Huerta. El caso es que no esperaba encontrar las armas de los Bracamonte en la iglesia de San Martín de Tours en Salamanca, pero yo creo que ahí están, aunque pintadas de manera extraña, o, quizá, mal repintadas tiempo después de que se decidiera colocarlas allí originalmente. Concretamente, están en la capilla del conde de Grajal y no aparecen solas, sino en el diestro de un escudo partido que tiene en el siniestro las armas de los Rodríguez de Villafuerte.
Dicha capilla fue fundada en 1413 por Juan Rodríguez de Villafuerte, un lígrimo noble salmantino que poseía una casa con torreón en la antigua plaza de San Martín, en la zona que hoy ocupa la Plaza Mayor. El elemento arquitectónico más destacado que sobrevive de esta primera etapa gótica es la bóveda de crucería bajo la cual se dispuso el hoy desaparecido sepulcro del fundador. En 1784, la capilla fue profundamente reformada y rehecha por iniciativa de uno de sus descendientes, Manuel Pérez Osorio, que era conde de Grajal, de ahí su nombre. Durante esta reconstrucción en estilo barroco se instaló un llamativo retablo consagrado a los mártires africanos Arcadio, Provo, Pascario, Eutiquio y el niño Paulino, cuyas figuras se esculpieron tras aprobarse su culto oficial en la diócesis bajo la creencia tradicional de que eran naturales de Salamanca. Es posible que fuera durante esa reconstrucción de finales del siglo XVIII cuando las armas de los Bracamonte quedaron mal repintadas, ya que debían de llevar allí desde el siglo XVII.
Bien pintado, este escudo mostraría un entronque entre uno de los linajes salmantinos más insignes, el de los Rodríguez de Villafuerte, y el peñarandino de los Bracamonte, produciéndose el primero de ellos, ya que hubo varios, a finales del siglo XVI en las personas de Juan Rodríguez de Villafuerte y Maldonado, el VII señor de Villafuerte, y Jerónima de Bracamonte y Dávila, hermana de Alonso de Bracamonte y Dávila, I conde de Peñaranda. De este modo, ese blasón podría corresponder a un descendiente de dicho matrimonio, que, por cierto, solamente tuvo uno, un niño llamado Juan José Rodríguez de Villafuerte y Bracamonte, que murió durante la infancia y que fue bautizado, precisamente, en la iglesia de San Martín de Salamanca el 18 de julio de 1596. Juan Rodríguez de Villafuerte y Maldonado murió el 25 de mayo de 1631 y mandó ser sepultado bajo la bóveda de la que por entonces se conocía como capilla de San Miguel de la iglesia de San Martín en Salamanca, donde estaba enterrado su hijo Juan José y donde también habría de ser enterrada su esposa Jerónima de Bracamonte.
Por otro lado, otro hecho que podría explicar la presencia de ese escudo partido Rodríguez de Villafuerte-Bracamonte es la existencia de dos hermanas de apellido Rodríguez de Villafuerte y Bracamonte, María y Leonor, ambas esposas de Francisco Álvarez de Vega Bermúdez de Castro y Menchaca, que fue el conde de Grajal entre 1648 y 1668. Que no os extrañe, en el pasado, cuando un noble enviudaba, era muy común que se casara con la hermana de su difunta esposa gracias una dispensa eclesiástica. Esta práctica garantizaba que las alianzas políticas no se rompieran, que las dotes y propiedades permanecieran dentro del mismo círculo y que el valioso entronque de sangre entre ambas casas nobiliarias no se perdiera. Sabemos que la condesa Leonor Rodríguez de Villafuerte y Bracamonte murió el 20 de julio de 1663 y que pidió ser enterrada en la iglesia de San Martín en la capilla de su patronato, así que quizá ese escudo partido que vemos hoy en día estuviera pintado originalmente en su sepulcro.
Por otro lado, no puedo dejar de mencionar que Leonor y María, hijas de Alonso de Bracamonte Dávila y Mencía Rodríguez de Villafuerte y Mendoza, eran sobrinas del famoso Gaspar de Bracamonte (1595-1676), virrey de Nápoles, III conde de Peñaranda de Bracamonte y diplomático que participó en la firma de la Paz de Westfalia, con la que se puso fin a la guerra de los Treinta Años.
Así que, a partir de ahora, peñarandinos, cuando paséis por delante de esta iglesia de Salamanca, recordad que dentro de ella hay un pequeño detalle en forma de escudo que la conecta con vuestra ciudad. Son la maza y el chevron heráldicos, por cierto, una heráldica de lo más original, que languidecen en los muros de la iglesia de San Miguel y en el parque de La Huerta sin esperanza alguna de formar parte algún día del escudo municipal, que a día de hoy muestra cinco ajenas y anodinas torres llegadas aquí por puro desconocimiento.
ARTÍCULO DE MIGUEL ÁNGEL MARTÍN MAS, PROFESOR DEL CEPA EL INESTAL, DE PEÑARANDA













