La popular comparsa peñarandina ha vuelto esta semana a sus ensayos habituales de los martes y jueves por la tarde en el espacio del teatro Calderón que da a la calle del Carmen pero la falta de nuevas incorporaciones que aseguren su supervivencia es, un año más, muy preocupante. «Hemos tenido algunas bajas por motivos personales y familiares, otros de los componentes ya tienen 80 años o están a punto de cumplirlos, y no tenemos relevo», comenta su director, Miguel Alfayate a la vez que hace un llamamiento a los peñarandinos y peñarandinas que quieran mantener viva esta tradición musical de la localidad.
«Hay muchos jóvenes que cantan nuestras canciones cuando se juntan, por ejemplo, en ferias o en las Navidades cuando salimos a la calle pero luego no se animan a entrar en la comparsa y el futuro lo vemos cada vez más complicado si vamos quedando cuatro», añade Alfayate. Incluso los ensayos se complican con tan escaso número de miembros en una formación donde los instrumentos tradicionales como zambombas, panderetas y botellas acompañan a las voces.
«Si esto no cambia, tal vez sea el último año que estemos y sería una lástima que llegara a perderse algo tan peñarandino como la comparsa. Yo animo a los que quieran sumarse y pasarlo bien cantando los temas que son ya historia de nuestro pueblo y que nos han acompañado a varias generaciones», reitera el director de la agrupación.
A los supervivientes ilusión y ganas no les faltan aunque lejos quedan ya las imágenes de la comparsa en sus comienzos con más de una treintena de componentes. El respaldo del público que cada año llena el Calderón en su actuación navideña y les acompaña por las calles y plazas en sus recorridos de Nochebuena y Nochevieja sigue intacto pero ese respaldo pasa, también, por evitar que la comparsa desaparezca y su «Eres Peñaranda, bonita ciudad…» se convierta solamente en un recuerdo.














