Dados los acontecimientos, he de decir aquí y ahora que la comunidad autónoma de Castilla y León, constituida como tal en el año 1983, está formada por seis provincias castellanas y tres leonesas, siendo estas últimas las de León, Zamora y Salamanca. Dicha entidad territorial bien podía haberse llamado de León y Castilla, más que nada por respeto al hecho de que el reino leonés nació siglos antes que el castellano, que, además, en origen, había sido un condado vasallo del rey de León. Lo que pasa es que los nacionalismos centrípetos castellano y español siempre han ido de la mano, considerando ambos como una maldición a los nacionalismos centrífugos catalán y vasco, que no dejan de ser una reacción lógica a las ansias centralizadoras de los primeros. Ahora, además, parece que se nos viene encima otra maldición, la de los nacionalistas leoneses. ¡Hasta dónde vamos a llegar en este país!
No, no se preocupen, en realidad no hay independentistas leoneses, se lo explico: lo que en realidad sucede es que hay personas que consideran que las provincias de León, Zamora y Salamanca, que desde el año 1833 forman la Región Leonesa, merecían y merecen constituirse en una comunidad autónoma por sí mismas. Esto no pasó, principalmente, porque en aquel idílico tiempo de la Transición había todavía unos señores muy franquistas que sufrían enormemente viendo cómo se rompía España en comunidades autónomas, convirtiéndose su sufrimiento en agonía cuando vieron que el supuesto germen de nuestro añorado imperio, la vieja Castilla, iba a ser despojada de sus históricos territorios cántabros, riojanos y vascos. Así las cosas, la única forma de que Castilla y, por ende, España siguieran siendo grandes era integrar las tres provincias leonesas en una comunidad autónoma que tuviera por primer nombre el de Castilla. Seguramente no les molestó tanto que Madrid, una provincia castellana, alcanzara el estatus de comunidad autónoma, ya que, al fin y al cabo, para algunos Madrid es España dentro de España, lo cual es una tontería tan grande como afirmar, como ha afirmado recientemente un columnista vallisoletano, que “Castilla ha sido en otro tiempo la realidad más importante del planeta”. Que será por eso por lo que la gente en Hispanoamérica habla una modalidad del español que recuerda a la de los extremeños, andaluces y canarios y por lo que a los españoles en Argentina se les llama gallegos, teniendo en cuenta, además, que Cortés y Pizarro eran extremeños, es decir, leoneses, y que el primer navegante en dar la vuelta al mundo fue Elcano, un vasco de Guetaria.
En fin, pero ¿Peñaranda de Bracamonte es castellana o leonesa? Pues actualmente, al ser una población de la provincia de Salamanca, es parte del “y León” del nombre de nuestra comunidad autónoma, así que la pregunta queda contestada. Bien es cierto que, al encontrarse Peñaranda muy cercana al límite con Castilla —no en vano está rodeada de pueblos con nombres tales como Aldeaseca de la Frontera, Zorita de la Frontera, Chagarcía Medianero y Horcajo Medianero— y siendo las líneas fronterizas cambiantes a lo largo de los siglos, la ciudad ha sido unas veces una cosa y otras veces la otra, con un balance de ocho siglos siendo leonesa y tres siglos castellana. En todo caso, los peñarandinos nativos pueden sentirse lo que ellos quieran, faltaría más, pero supongo que ningún asturiano se siente gallego, del mismo modo que ningún murciano se declara como andaluz de pura cepa.
En fin, yo creo que lo mejor será que hagamos un poco de historia. Miren, el reino de León nació en el año 910, cuando la capital del reino de los Ástures, que se encontraba en Oviedo, fue trasladada a la ciudad de León por el rey García I. Por aquel entonces Castilla no era un reino, sino un condado vasallo del monarca leonés. En el mismo siglo X, concretamente en el año 939, el rey leonés Ramiro II derrotó al califa de Córdoba Abderramán III en la batalla de Simancas. Con dicha victoria los cristianos dieron un gran paso en el proceso de la Reconquista, ya que gracias a ella pudieron consolidarse en la línea del Duero y repoblar el territorio que se extendía hasta el río Tormes. Fue de este modo como las tierras que hoy conforman la comarca de Peñaranda se convirtieron en leonesas.
Ya en el siglo XI, el rey Fernando I y su esposa, Sancha, dejaron establecido que su hijo mediano Alfonso (VI) heredara el reino de León, que su hijo mayor Sancho gobernara como príncipe el territorio de Castilla y que su hijo menor García hiciera lo propio con el de Galicia. La historiografía suele considerar que Sancho II fue rey de Castilla entre 1065 y 1072, año de su muerte al pie de las murallas de Zamora, cuando intentaba arrebatar la ciudad leonesa a su hermana Urraca. En todo caso, al final de esta historia Alfonso VI de León terminó siendo también rey en Castilla y en Galicia, tal y como lo había sido su padre, conquistando además Toledo en el año 1085, con lo que dicha ciudad recuperó su antigua condición cristiana como leonesa.
El rey Alfonso VII de León, el imperator totius Hispaniae, que murió en el año 1157, dejó decretado en vida que su hijo Fernando reinara en León y su hijo Sancho en Castilla, siendo entonces cuando, en mi humilde opinión, nace realmente el reino de Castilla. El sucesor de Sancho III fue Alfonso VIII de Castilla y el de Fernando II su vástago Alfonso IX de León. Estos dos primos carnales se odiaban a muerte, animadversión que alcanzó su cénit con una guerra que comenzó en 1196 y que tuvo su episodio más cruento en el verano de 1197, cuando tropas castellanas, asistidas por un contingente aragonés, entraron en territorio leonés para arrasar todo a su paso por el alfoz de la villa leonesa de Alba de Tormes, en el que estaba integrado la por entonces pequeña aldea de Peñaranda.
Esta guerra concluyó gracias a un matrimonio que solamente se le pudo ocurrir a la reina castellana Leonor Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania y, por lo tanto, hermana de Ricardo Corazón de León. Hablo del inesperado enlace entre la hija de Alfonso VIII de Castilla, la infanta Berenguela, y Alfonso IX de León. El primogénito de dicha pareja, tras muchas vicisitudes que no vienen al caso contar aquí, fue proclamado en 1217 rey de Castilla y en 1230 rey de León. De este modo y ya para siempre, ambos reinos tendrían un único monarca. Fue entonces cuando nació el escudo cuartelado de castillos y leones, que debería haber sido de leones y castillos, pero la preponderancia castellana comenzó a dejarse bien clarita desde el primer momento. Bajo el reinado de Fernando III y el de su hijo Alfonso X, reyes de dos reinos, el de Castilla y el de León, se conquistó casi todo al-Ándalus, hazaña bélica que se llevó a cabo bajo estandartes que lucían leones y castillos.
El 13 de diciembre de 1474 lsabel I, la Católica, fue proclamada en Segovia como reina de Castilla y de León, a pesar de que la historiografía hable de ella como monarca de la Corona de Castilla, lo que tiene como consecuencia que el reino hijo ensombrezca para siempre al reino padre, produciéndose así una injusticia histórica flagrante.
Volviendo a Peñaranda, y por ir acabando, recapitulamos diciendo que fue leonesa entre el siglo X y el XVI, que fue cuando pasó a integrarse en territorio abulense, por lo tanto, en Castilla. No obstante, los peñarandinos no dejaron nunca de pertenecer a la Diócesis de Salamanca, ciudad leonesa de toda la vida.
Un decreto de 30 de noviembre de 1833 dividió el territorio del estado español en provincias, constituyendo tres de ellas —León, Zamora y Salamanca — la Región Leonesa, algo que no ha derogado ningún decreto posterior, y de ahí que exista todavía dicha región y que el nombre de nuestra comunidad autónoma contenga la conjunción Y, con mayúscula, para que no se les olvide la gran epopeya del reino de León, del que se independizaron el condado Portucalense y el condado de Castilla para conformar reinos propios, que aquí siempre ha habido independentistas, no siendo los catalanes y los vascos los primeros.
Y no puedo despedirme sin invitarles a visitar la exposición permanente ALBA MEDIEVAL – UNA HISTORIA DE LEONES Y CASTILLOS, que encontrarán en la cercana Alba de Tormes y con la que podrán conocer más historias de nuestra Historia.

· El león púrpura en campo de plata del reino de León, el emblema heráldico más antiguo de Europa, empleado en monedas ya en 1126.

· El emperador Alfonso VII, que hizo a su hijo Fernando II rey de León y a su hijo Sancho III rey de Castilla. Ilustración de José Luis García Morán.

· Alfonso VIII, rey de Castilla entre 1158 y 1214, también quiso tener un emblema parlante de su reino, así que eligió el castillo de oro en campo de gules.

· Ataque de tropas aliadas castellanas y aragonesas contra la villa leonesa de Alba de Tormes en 1197. Ilustración de José Luis García Morán.

· La reina Berenguela la Grande, la artífice política de que el reino de Castilla y el reino de León tuvieran un único monarca desde 1230, entre su hijo Fernando III y su nieto Alfonso X. Ilustración de José Luis García Morán.

· El cuartelado de leones y castillos, innovación heráldica que nació en los reinos de Castilla y de León para significar que ambos tenían un único monarca desde 1230. Infografía de José Moreiro Píriz.
· Isabel I de Castilla y de León.

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