Camino ya de cuatro décadas de existencia en Peñaranda, el ropero social de Santa Águeda cumple una importantísima labor de ayuda a los más necesitados a la hora de proporcionarles ropa y calzado y al frente de todo ello, como cabeza visible Juani Jiménez, una de las voluntarias «históricas» que lo mantiene vivo. Hasta una de las aulas del edificio Merca Rural llegan cada año miles de kilos de todo tipo de prendas y calzado que se clasifican cuidadosamente en función de si son para niños o adultos y también si son para hombres o mujeres o pueden servir para ambos. Todo este gran almacén se pone a disposición de las personas cuyos recursos económicos son muy limitados y que generalmente son derivadas al ropero desde los servicios sociales y todo de manera totalmente gratuita.
«Por desgracia nos encontramos, también, con gente que nos deja bolsas con ropa y calzado totalmente inservibles, prendas rotas y lo que es peor, en muchas ocasiones que llegan hasta sin lavar. Este tipo de prendas no se pueden entregar a nadie y tienen que llevarse al punto limpio para reciclarlas, no al ropero social, por lo que volvemos a hacer esta petición a la ciudadanía. Basta con pensar que esta ropa se va a entregar a otras personas que no tienen recursos para comprarla y que se pide, como no puede ser de otra manera, que esté en buenas condiciones y también limpia», comentan las voluntarias.



















