Cada verano, la clase de baile de Amelio García Bueno es una cita ineludible en las fiestas de Santiago de la Puebla. El santiagués llena la plaza de música, pasos y emoción. Él y su mujer llevan más de diez años bailando con un estilo propio que le ha hecho ganar varios concursos y certámenes de baile. Lo que comenzó como una propuesta especial del Ayuntamiento se ha convertido ya en una tradición con nombre propio. Amelio no solo baila, sino que transmite alegría y amor por su pueblo. En esta entrevista para A Tiempo, nos cuenta la historia que hay detrás de esos movimientos que cada año emocionan a todos sus vecinos.
-Amelio, cada año le vemos bailar en la plaza con su pareja. ¿Cuándo comenzó esta costumbre tan especial?
-Llevamos ya cuatro años dando lo que llamamos un taller o unas clases de todo tipo de bailes durante las fiestas del pueblo.
-¿Recuerda cómo surgió la idea de dar una clase de baile durante las fiestas? ¿Fue algo espontáneo?
-La idea surgió porque siempre me ha gustado mucho bailar. Mi padre era músico, tocaba la batería en un grupo tradicional de dulzaina llamado Los Pilotos,
todos de aquí, de Santiago de la Puebla. Desde que me casé y me fui a vivir a Alba de Tormes, he participado muchos años en el concurso de playback, que tiene mucho nivel y repercusión mediática, ya que la gente se prepara a conciencia y hay verdaderos artistas. Preparaba actuaciones durante todo el año, incluso de Michael Jackson. He conseguido ganar varios concursos de este estilo, sobre todo en la puesta en escena. Como me gusta tanto bailar, entre el Ayuntamiento y yo decidimos hacer algo especial y distinto en el pueblo. Llegamos al acuerdo de que me dejaran unas horas en la Plaza Mayor para impartir estas clases, y así empezó todo.
-¿Qué tipo de baile practica normalmente? ¿Tiene un estilo definido o se deja llevar por el momento?
-Practico sobre todo fusión, bachata moderna, merengue, kizomba, salsa, pasodoble, chachachá… un poco de todo. Tengo mi propio estilo. Me baso en los pasos y en los patrones de la métrica de cada baile, pero intento iniciar una conversación más dinámica y fluida, sin tanto conteo porque eso es más para la gente que está empezando. Mi esposa y yo llevamos más de diez años bailando este tipo de bailes y hemos creado nuestra forma de hacerlo. Me costó mucho abrirme camino para buscar un estilo propio y no parecer “fotocopias”. Soy mi propio profesor. Durante la pandemia vi muchos vídeos durante un año entero y practicaba en casa con mi
mujer. Todo es improvisado y ella muchas veces ni siquiera conoce el tema que vamos a bailar. Tengo almacenados unos 450-500 pasos y tiro de memoria según bailo acorde a lo que voy recordando e intentando que encajen con la música. Los grandes maestros y profesores de Salamanca y de otros lugares por donde vamos admiran nuestros pasos. Otros discrepan, porque no es un estilo habitual ni ceñido a las condiciones básicas que enseñan. Nuestro nivel es distinto. No es ni mejor ni peor, solo distinto.
-Usted baila con su pareja. ¿El baile ha sido siempre parte de su historia juntos?
-Llevamos muchos años bailando juntos. El baile nos ha unido mucho y lo vivimos con pasión. En casa, durante la pandemia, practicábamos constantemente. Ella
tiene un mérito enorme porque muchas veces improviso y me sigue con unarapidez increíble. Es especialista en poderme seguir, ya que mis movimientos son bastante rápidos y con mucha figura, lo que deja poco tiempo para pensar. Ella es formidable porque se adapta bien a todo. Aunque hay fallos, siempre queda mucho por superar. Juntos hemos participado en algunos concursos de baile y hemos conseguido varios premios en Málaga, Matalascañas y Salamanca. Incluso en hoteles,
durante concentraciones de baile en vacaciones, hemos logrado algún galardón. En definitiva, seguimos viviendo para bailar y bailamos para vivir.

-¿Qué significa para usted bailar en la plaza del pueblo rodeado de vecinos y familiares?
-Es muy importante porque, aparte de estar rodeado de familia y amigos, también es un gesto de honor a mi padre, que falleció. Cada 25 de julio, después de la
misa y la procesión, solía tocar una pieza invitado por el grupo Adobe de Macotera. Aunque ya tenía Parkinson, siempre intentaba tocar porque era su pasión. Yo ahora, a la salida de misa con estos músicos tan extraordinarios, dedico un bailo al cielo.
-¿Ha vivido alguna anécdota divertida o emotiva bailando en las fiestas?
-Lo divertido es cuando nos confundimos, tropezamos o alguien se despista, o cuando la gente sale espontáneamente a bailar y no le sale. El baile es para disfrutar sin importar si sale bien o mal. Lo importante es divertirse. La parte más emotiva del baile, sin duda, es recordar a mi padre. Hay veces que no puedo evitar emocionarme.
-¿Cómo prepara esa clase de baile que ofrece cada año?
-Durante todo el año voy teniendo ideas, canciones, pasos… Me gustaría que se bailara más en pareja, pero es difícil. Por desgracia, es complicado que los hombres se animen, así que lo planteamos más como una clase de zumba, pero aprendiendo los pasos básicos. Las clases las preparo con bastante tiempo, incluso suelo abrir con una actuación de playback en la que invierto mucho tiempo para aprenderme la canción y los gestos del artista.
-¿Cree que se ha perdido el gusto por bailar en los pueblos o todavía se mantiene la tradición?
-Por desgracia, creo que sí. Aunque siempre habrá parejas que les guste animarse a bailar. En Salamanca aún hay jóvenes que va a clases de bachata y salsa, pero las fiestas de los pueblos ya es otro tema. La música suele ser más de macro discotecas, reggaetón y temas para cantar. Lo que es el baile ya se va perdiendo, lo que es la esencia de la música. Las orquestas lo van a tener complicado porque la música en directo es cara y ahora se apuesta más por discomóviles.
-¿Hay alguna canción que no puede faltar nunca en su repertorio?
-El merengue «Suavemente» de Elvis Crespo. Con este ritmo la gente no se resiste.
-Y para terminar, ¿qué significa para usted Santiago de la Puebla y sus fiestas?
-Significa todo. Desde pequeño he vivido las fiestas con mucha ilusión. En los años 90 colaboraba con el Ayuntamiento organizando campeonatos y juegos en
los que participaban todas las peñas. Siempre he estado haciendo cosas para que el pueblo tenga un nombre dentro de la comarca y de la provincia. Vivimos
todos muy ilusionados y queremos que las fiestas sean grandes. Este año ha sido un éxito total, tanto por la organización, como por la participación de todos
los vecinos y vecinas del pueblo. Entonces, para mí Santiago de la Puebla es mi vida.
ENTREVISTA TEXTO Y FOTOS: JOSÉ GÓMEZ LÓPEZ
















